
La Botiga llegó a Sparky con una marca que crecía en ventas pero que no lograba comunicar quién era. Su presencia digital era inconsistente, sus mensajes dispersos, y su comunidad aún no la reconocía como referente.
Trabajamos juntas desde el diagnóstico hasta la activación: redefinimos su propósito, construimos su arquitectura de marca, desarrollamos su identidad visual y diseñamos un sistema de comunicación coherente para todos sus canales.
El resultado fue una marca con dirección clara, una estética reconocible y una comunidad que empezó a crecer porque tenía algo real con qué identificarse.


